Funerario
En 1957 un vecino de Peón, José María González Obaya, compaginaba la profesión de zapateru con la de funerario, encargándose de almacenar en un local junto a la casa los féretros, en concreto siempre disponía de seis cajas de adultos y dos de niños de varios modelos y precios para que la familia escogiera. Cuando le avisaban de una defunción, acudía a la casa y tomaba los datos del fallecido para hacer la esquela. También colocaba la mesa de firmas de condolencias en la iglesia, y avisaba al cura y al enterrador. Se encargaba también de cobrar los recibos pasando por las casas de los clientes.
El nombre de la funeraria era Feliciano Rodríguez. Estuvo abierta hasta el año 1993 que se inauguró el tanatorio de Cabueñes en Gijón. Siguió gestionando el cobro de recibos para Santa Lucía, primero él y después su hija Elvira González hasta el 2020.
En décadas anteriores, los féretros venían desde Gijón en la jardinera de los Autocares Riestra.
